En estos días ha tenido lugar en el Instituto de Estudios Campogibraltareños una doble intervención de dos catedráticos de derecho internacional, uno argentino, D. Fernando Oltra, y el otro español, D. Pablo Fernández, exponiendo las similitudes entre las situaciones de soberanía de la amplísima zona argentina de las Malvinas, usurpada por Gran Bretaña, y la situación de Gibraltar, ocupada por Gran Bretaña mediante el tratado de Utrecht.
Algunas de las personas que asistieron participaron en el coloquio final planteando preguntas sobre la subordinación del derecho internacional a la fuerza de los hechos consumados por aquellos estados hegemónicos en cada momento de la historia. Los ponentes afirmaron categóricamente que el poder se encuentra en el derecho. Puede tardar en resolver, pero al final es el que pone punto final a cualquier litigio que se plantea jurídicamente.
Sería más que deseable que eso fuese así y que las reclamaciones sobre la soberanía, planteadas ante instancias jurídicas internacionales, tuvieran un justo desenlace. No obstante los pueblos, las gentes que viven de su trabajo en cualquier lugar del planeta no comprenden muy bien el alcance de las reclamaciones sobre la soberanía. Sobre todo cuando más de una persona se pregunta: ¿Esto de la soberanía qué es?
La soberanía, que parece un gran concepto, a pesar del tiempo transcurrido y de la casi extinción de las monarquías en las llamadas sociedades “democráticas”, sigue haciendo referencia al “soberano”. Así lo define la Real Academia Española: “f. Cualidad de soberano. Sin.: autoridad, poder, independencia. También se define como: f. Poder político supremo que corresponde a un Estado independiente.” Sea como sea, se concreta esto de la soberanía en la capacidad de imponer a otros una decisión. Y esa posibilidad solo puede darse cuando quien dice tener la soberanía, tiene el poder para imponer lo que le venga a su real gana. Ya sea sobre vidas y haciendas de los que por obligación son considerados súbditos. ¡El golpe de Estado! que se materializó en la Constitución española promulgada en Cádiz en 1812,… ”… -¡Qué barbaridad dice Vd.! No se puede calificar a la madre del constitucionalismo español de esa manera. – ¿Está Vd. seguro de que no? En ausencia del soberano, que retenía para sí y por sí todos los poderes, y a pesar de su oposición, con unos cuantos votos amañados se dio un salto “ilegal”, según las leyes vigentes. De esta forma, y de un día para otro, los súbditos de su majestad pasaron a ser ciudadanos de la Nación. Además de desposeer al soberano de la soberanía (facultad del soberano), para depositarla en la Nación: ”Art. 3º.La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales”
Interesante artículo de Manuel Álvarez Torres, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (https://burjcdigital.urjc.es/server/api/core/bitstreams/d1ce92db-e3e7-403f-b052-9e747e61f8be/content) Recoge aspectos de la Sentencia 31/2010, de 28 de junio, del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. “Ni pueden tampoco (el estatuto catalán), al amparo de una polisemia por completo irrelevante con el contexto jurídico-constitucional que para este Tribunal es el único que debe atender, referir el término «nación» a otro sujeto que no sea el pueblo titular de la soberanía”. Por fin las palabras juntas: Pueblo y Soberanía. En este momento cabe preguntarse: ¿Se reconoce la existencia de un pueblo soberano? Y si eso fuese así, ¿qué mecanismo utiliza el pueblo para conformar la soberana voluntad de todas las personas que lo componen? En el ámbito jurídico-político es el referéndum. ¿Por qué raramente se utiliza? ¿Las clases dirigentes tienen especial interés en que el pueblo ejerza su soberanía? —Pero no se crea. Esto de la “soberanía” se utiliza casi para todo, pero solo eso. Cómo la utilizó, mejor dicho, evitándola por incómoda el gobierno español con Franco (por aquello de los territorios coloniales españoles en África) y también el monarca Juan Carlos I, para no perjudicar la entrada de España en la Unión Europea (1983).
Se llega a hablar de fondos soberanos; por ejemplo, el jueves 15 de enero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado “la creación de un fondo soberano en España” para invertir en los grandes sectores clave para el crecimiento futuro del país. Llama la atención que los recursos económicos que aporte y gestione el ICO (Instituto de Crédito Oficial) vengan de los fondos europeos ‘Next Generation’ que no se llegan a utilizar. No parece que se parte de soberanía alguna. Otro gallo cantaría si, como fue definido en 2005, el fondo soberano sería el que acumula el dinero que procede de un superávit presupuestario. Pero en España lo que se produce son déficits presupuestarios, que se cubren con deuda.
Volviendo a Gibraltar. Mientras el gobierno de Gibraltar, no sólo conocía, sino que aprobó el 19 de enero el texto íntegro del tratado, entre el Reino Unido y la UE, que regulará el futuro marco de relaciones de la colonia británica con el espacio comunitario, un acuerdo largamente negociado que aspira a eliminar la Verja y a crear una “zona de prosperidad compartida” en el Campo de Gibraltar; el Grupo Transfronterizo en el que se encuentran instituciones y organizaciones de un lado y otro de la verja, el día 22 de enero solicitó al ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, una respuesta más ágil y clara sobre el contenido y el calendario del acuerdo. Es decir, ni idea de momento del dichoso tratado. Mientras en Gibraltar “se celebrará un debate completo en el Parlamento de Gibraltar”, afirmó Picardo, quien recordó que los ministros ya conocían en profundidad el contenido del acuerdo gracias a las actualizaciones periódicas realizadas durante todo el proceso negociador”.
Los que mandan en Gibraltar han estado al día de lo que se cocinaba prósperamente. ¿Para quién?, mientras ni siquiera los presidentes de las comisiones de exteriores del Congreso y el Senado español tenían ni zorra idea. Los “concejales”, no se irrite nadie, de Gibraltar, que se denominan gobierno de Gibraltar, al tanto durante todo el proceso. Los alcaldes, concejales, diputados, parlamentarios andaluces y senadores de este territorio del Campo de Gibraltar a oscuras. ¿Soberanía de los pueblos? ¿Para cuándo los referéndums en ambos lados de la verja? Porque, aunque desaparecerá y se anuncia una prosperidad compartida, toda la negociación en el territorio español y para el pueblo gibraltareño ha sido secreta.
No parece que el pueblo soberano tenga algo que decir.











