Cabestrante: (cabrestante) Torno de eje vertical que se emplea para mover grandes pesos por medio de una maroma o cable que se va arrollando a él a medida que gira. Diccionario de la RAE.
Resultan muy curiosas las diferencias que surgen a la hora de hablar de la etimología de la palabra cabestrante. La RAE señala que podría derivar de la palabra occitana cabestran y esta, a su vez, del latín capistrum. Pero hay autores que profundizan algo más e indican que capistrum derivaría de caput (cabeza), y harían referencia al ronzal que, según la misma RAE, es “una cuerda que se ata al pescuezo o cabeza de las caballerías para sujetarlas o conducirlas caminando” e indica que es sinónimo de cabestro. Todos identificamos a un cabestro con un buey manso, utilizado para guiar a los toros bravos o para desplazar grandes pesos mediante un ronzal sujeto a sus cuernos y cabezas. Y aquí es donde entra en juego la palabra en los barcos, asimilando el cabestrante o cabrestante (capstan en inglés) con el torno de eje vertical al que se acopla un tambor en el que se enrolla un cabo capaz de virar grandes pesos, y que puede accionarse manualmente o mediante máquinas.
Este tipo de máquinas ya era usado por los egipcios, según muestran jeroglíficos datados doce siglos antes de nuestra era. Así que no es de extrañar que su uso se extendiera a los barcos, sobre todo cuando estos empiezan a crecer en tamaño y es necesario moverlos en espacios reducidos como los puertos. Esta maniobra se hace de forma controlada mediante el uso de espías, que no son más que cabos dados a tierra y que, al virar o lascar de ellos, facilitan desplazar un barco atracado o fondeado.
Aquí entran en juego las anclas. En principio, y al ser de un peso no excesivamente grande, se realizaba la maniobra mediante un cabestrante. Pero la maniobra se complica cuando empiezan a ganar peso y se ha de manejar un grueso cabo de cáñamo imposible de llevar hasta el cabestrante. Para virar el ancla se utilizaban mojeles que se enrollaban al cabestrante y al cabo del ancla. La maniobra era lenta, pesada y peligrosa.
Las anclas siguen aumentando de peso y se empiezan a usar cadenas para sujetarlas al barco. Para facilitar la maniobra se diseñan los molinetes, que son cabestrantes con tambor horizontal diseñados específicamente para maniobrar las anclas, teniendo en cuenta que su función específica es izar del lecho marino el gran peso muerto que suponen ancla y cadena, evitando que se deslicen por el efecto de la gravedad. Para ello se diseña una rueda especial, la gata, dotada de muescas en las que encajan perfectamente los eslabones del ancla, de tal forma que posibilita que la cadena pueda virarse y arriarse de forma segura. Y aquí podemos encontrar molinetes utilizados exclusivamente para anclas, o combinados con un tambor horizontal que sirve de cabestrante para cabos o cables. En este último caso la máquina dispone de un solo eje y, para accionar la gata, se utiliza un embrague. El tambor se emplea para manejar los cabos y cables de amarre.
Ya tenemos los cabestrantes y molinetes que ayudan a atracar y fondear un barco. Significar que un winch no es más que el nombre inglés que se le da a un cabestrante o capstan, con la diferencia de que un winch está diseñado para poder hacer firme el cabo en el tambor, y un cabestrante sirve para virar el cabo o cable, debiendo estos amarrarse a los correspondientes fundamentos de sujeción de a bordo.
Las maquinillas no dejan de ser cabestrantes específicamente diseñados para la función que deban realizar. Remolcadores, pesqueros de arrastre, de cerco, artesanales, etc, utilizan maquinillas. En el caso de los remolcadores y pesqueros de arrastre, los tambores llevan enrollados los cables de cuyos extremos remolcarán los barcos o arrastrarán las redes. La longitud de estos cables puede ser bastante más extensa de lo que podamos imaginar. Pero no dejan de ser unos cabestrantes, con tambores horizontales y unos diseños específicos, capaces de aguantar las tensiones que se llegan a producir remolcando un buque de miles de toneladas o de arrastrar un arte a cientos de metros de profundidad.
“…El barco ya estaba a son de mar…se habían barrido las distintas cubiertas y engrasado el cabestrante a fin de levar el ancla…” El negro del Narcissus, una historia en el mar. Joseph Conrad.
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Miguel F. Chicón Rodríguez (Capitán de la marina mercante)
(Nacido en Tánger en 1960, sus vivencias personales a ambos lados del Estrecho, especialmente Algeciras, ciudad donde también residió, y las recurrentes travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros; en barcos frigoríficos; como alférez de fragata en la Armada española, y al mando de buques de pasaje, tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Por último, ejerció como jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma desde 1996 hasta 2022)












