Tan vital como hacer una buena observación de la fuerza del viento es saber calcular el estado de la mar, cuyo tamaño está directamente relacionado con ella. Sin embargo, no solo es la fuerza del viento la que influye en la altura de las olas. Los otros dos parámetros que inciden de forma directa en su formación y en su tamaño son: el tiempo que dure el viento soplando de la misma dirección, y la longitud de la porción de mar sobre la que lo haga de forma ininterrumpida, es decir, la distancia de contacto con la mar, que en inglés se define como fetch, palabra que nunca ha sido traducida al castellano y que, a pesar de no estar reconocida por la Real Academia de la lengua Española, se utiliza constantemente en ámbitos meteorológicos y náuticos. Así pues, el tamaño de las olas formadas por la fricción del viento sobre la superficie de la mar está directamente relacionada con su fuerza, con su persistencia y con el fetch, agrupándose en trenes de olas que pueden viajar miles de millas.
Conocidos son, en la jerga marinera, términos como marejadilla o mar gruesa. Pero para calibrar estas definiciones, y al igual que se hizo con el viento, se ideó una escala. El autor de la misma fue Percy Douglas, que llegó a dirigir el Servicio Hidrográfico de la Armada Británica como vicealmirante a principios del pasado siglo. Posteriormente, cada país adaptó las definiciones de la escala de Douglas a las expresiones utilizadas en su propio idioma.
La escala de Douglas también recibe el nombre, en inglés, de escala internacional de mar de viento y de mar de fondo, es decir, dispone de dos indicadores para calibrar ambas. Maticemos que la mar de fondo, mar tendida o mar de leva, es aquel oleaje que se genera en tormentas distantes y que viaja miles de millas en forma de olas cuyo período (distancia entre una cresta y la siguiente) es mucho más largo y de crestas más redondeadas. Al aproximarse a la costa, la masa de agua roza con el fondo, haciendo que se ralentice su marcha y la cresta de la ola se adelante, rompiéndose en la orilla. Lo peculiar es que, si sopla viento, se pueden observar ambas mares de forma simultánea y con diferentes direcciones.
La escala dispone de diez grados, desde el 0 al 9, y las descripciones son muy claras, de tal forma que es fácil calibrar la altura de las olas a los ojos de un observador. Las definiciones van escalando en gravedad, empezando por Mar llana, y evolucionando a Mar rizada, Marejadilla, Marejada, Fuerte Marejada, Mar Gruesa, Mar muy Gruesa, Arbolada, Montañosa y Enorme. Cuando llegamos a estas últimas, la situación descrita es, verdaderamente, sobrecogedora: Grado 9; olas de más de 14 m; Enorme; Las olas se hacen tan altas que a veces los barcos desaparecen de la vista en sus senos. El mar está cubierto de espuma blanca dispuesta en bandas en la dirección del viento y el ruido que se produce es fuerte y ensordecedor. El aire está tan lleno de salpicaduras que la visibilidad de los objetos distantes se hace imposible. Las descripciones de la mar de fondo son mucho más sencillas, adaptándolas a su especial configuración.
No quisiera terminar este pequeño acercamiento al oleaje y su fuerza sin comentar un detalle de vital importancia para el marino y para todo aquel que se acerque a la costa en días de temporal: Las tres Marías. Todos los marinos conocemos, o deberíamos conocer, cuál es su significado. Si observamos los trenes de olas a los que un barco debe enfrentarse o que recalan en la costa, nos percataremos de que cada cierto número de ellas llegan algunas que son bastante más grandes que la media. Algunos dicen que es la tercera. Otros que es la séptima o incluso la novena. En la mitología vasca, una lamia (bruja) deseaba que un pesquero donde navegaba el pretendiente de una de sus dos hijas naufragara. Para ello planeó levantar tres grandes olas en la que la tercera sería ella misma. En algunas leyendas escandinavas se le atribuye a la novena ola poderes especiales y el pintor ruso Ayvazovsky le dedicó uno de sus cuadros más famosos. Incluso Papillón las tuvo en cuenta para planear su huida de la Isla del Diablo. Pero lo que sí debemos hacer todos es observarlas durante un cierto periodo. Apreciaremos que, cada cierto número de olas, se forma alguna excepcionalmente más grande que las demás, pudiendo causar daños a nuestro barco o arrastrarnos mar adentro si estamos excesivamente cerca de la costa.
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Miguel F. Chicón Rodríguez (Capitán de la marina mercante)
(Nacido en Tánger en 1960, sus vivencias personales a ambos lados del Estrecho, especialmente Algeciras, ciudad donde también residió, y las recurrentes travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros; en barcos frigoríficos; como alférez de fragata en la Armada española, y al mando de buques de pasaje, tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Por último, ejerció como jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma desde 1996 hasta 2022)












