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21 enero 2022
21 enero 2022

Elena Sáez Arjona: LA TIRANÍA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

El catedrático de Filología Románica en la Universidad de Dresde, Victor Klemperer, tendría un encuentro al final de la segunda guerra mundial con una trabajadora berlinesa que había sobrevivido a la contienda y que inspiraría las últimas frases de su obra La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo.

«− ¿Por qué estuvo usted en la cárcel− pregunté.

− Pues por ciertas palabras……. (Había ofendido al Führer, los símbolos y las instituciones del Tercer Reich) »

Fue una iluminación para mí. Al oír esta frase −concluía Klemperer− lo vi todo claro. Por ciertas palabras. Por eso y entorno a eso emprendería el trabajo de mis diarios. Quería extraer el balancín de todo cuanto lo rodeaba y limitarme, no tanto por vanidad, espero, sino más bien por ciertas palabras».

En este magistral diario-ensayo Klemperer muestra los peligros de la manipulación de la lengua, afirmando que en ella se libró una batalla concomitante a las trincheras. El poder totalitario del nacional-socialismo sometió la lengua alemana al régimen, convirtiéndola en un instrumento de represión que ponía en peligro la propia libertad de pensamiento. El uso desmesurado de palabras rimbombantes pero vacías de contenido, de eslóganes, de expresiones que imponía el nazismo repetidas hasta la saciedad y que eran adoptadas de forma mecánica e inconsciente por la población. Se consideraba histórico cualquier discurso pronunciado por el Führer, aunque dijera cien veces lo mismo; era histórica la inauguración de una autopista y se inauguraba cada carretera y cada tramo de carretera; era histórico cada congreso del Partido. La palabra pueblo, raza, lucha, u organizar (no se trabajaba sino que se organizaba el trabajo), ocuparon un lugar de primera importancia.

Se trataba de una estrategia que impedía la capacidad de juicio, llevando a los alemanes a un estado de pasividad tal que impedía cualquier forma de reflexión o pensamiento. La Lengua del Tercer Reich, como subraya el propio Klemperer, «se centra por completo en despojar al individuo de su esencia individual, en narcotizar su personalidad, en convertirlo en pieza sin ideas ni voluntad de una manada dirigida y azuzada en una dirección determinada, en mero átomo de un bloque de piedra en movimiento». Lo que pasa en una nación puede pasar en las demás. Eadem sed aliter: las mismas cosas solo que de otra manera; es un principio que debe hacernos pensar sobre la historia, la sociedad y la política.

Platón en La República ya advirtió de la peligrosidad que supone la estetización de la política. Ser “políticamente correcto” es una forma de enmascarar, bajo el paraguas de la tolerancia, problemas que deberían encontrar una solución. En un esfuerzo de contención léxica, todo se envuelve en discursos elegantes para que nadie se sienta ofendido. Sin embargo, todo este sistema de corrección permite a los políticos participar de los beneficios de la confusión que crea en los individuos que les votan. La corrección política es el imperio de la censura y decir la verdad, llega a convertirse en todo un acto heroico y hasta martirial. Es la negación de la Política.

Ejemplos de este totalitarismo de lo políticamente correcto es la censura de la plataforma Disney+ a los menores de siete años de Dumbo, Los Aristogatos, Peter Pan o La dama y el vagabundo por considerarlas todas racistas, al igual que HBO Max suprimiendo de su catálogo la mítica película Lo que el viento se llevó. El colmo de la desfachatez llegó cuando la Universidad de Edimburgo eliminó el nombre de una de las figuras más importantes de la Ilustración, el filósofo David Hume por sus vínculos con la esclavitud. Tras la presión de Black Lives Matter, se produjo la retirada de la estatua de Sir Hans Sloane, médico y naturalista irlandés que contribuyo a la fundación del British Museum con una donación de más de 71.000 objetos, también por su pasado esclavista.

En España, con la utilización del lenguaje políticamente correcto hemos llegado a la estupidez supina de escuchar a los ministros expresiones como “miembros y miembras” o “impuestos e impuestas”. Un ejemplo de manipulación del lenguaje sería el uso de palabras que se repiten hasta la saciedad como progresismo o sostenible y en lugar de utilizar la palabra especular se habla de invertir, o el sexo por el género, presente en todas sus variantes: “igualdad de género”, “violencia de género”, “identidad de género”, hasta “urbanismo de género”. Se trata de usar el leguaje impuesto por el que tiene el poder, pues de lo contrario, el ciudadano corre el riesgo de ser civilmente eliminado.

Pero no todo está perdido. En Estados Unidos, un grupo de intelectuales y académicos se han rebelado contra la censura y han creado en Austin la primera universidad contra la corrección política, un centro que busca preservar la libertad de cátedra contra la terminología totalitaria en la investigación universitaria.

El erudito historiador y político Lord Acton decía que «el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente». Lo más importante no son todos estos datos sino la lección que podemos aprender: que el objetivo de la corrección política es la eliminación del disidente (el propio ciudadano), que las victorias en las urnas no son cheques en blanco para convertir a la población civil en un rebaño manipulable e ignorante y que la única forma de enfrentarse con el totalitarismo del lenguaje políticamente correcto es la defensa de la libertad.

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2 comentarios

  1. Efectivamente es éste uno de los grandes problemas de nuestro tiempo derivado de la absoluta estupidez de las mayorías y de sus dirigentes. El “woke brigade” está consiguiendo que se despida a personas que simplemente expresan su opiniòn ( ya ha habido un famoso caso en UK de Maya Forstater que consiguió finalmente en el Supremo que se le restituyera su puesto de trabajo por haber expresado en su twitter privado su desacuerdo con la actual política en el tema de los transgénero). Hay un artículo muy interesante sobre ésto en la revista americana “Politico”
    https://www.politico.eu/article/peak-stupidity-donald-trump-ben-shapiro-edward-cocking/
    A mis hijos les educaré para que digan lo que piensan de forma educada y defiendan su opinión de la misma forma que lo hago yo. No debemos dejarnos someter por esta estupidez donde las opiniones tienen más valor que los hechos. Gracias por tu estupendo artículo, Elena

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