Noticias Campo de Gibraltar
11 febrero 2026
11 febrero 2026

LA SOLEDAD NO DESEADA (PATRICIO GONZÁLEZ)

La felicidad de una persona se determina fundamentalmente por la calidad de sus relaciones interpersonales y de sus vínculos afectivos. Por eso preocupa mucho el número de personas que, en las sociedades occidentales, se sienten solas y no tienen el paraguas de la familia, amigos, compañeros, vecinos, parejas o, incluso, ciberamigos.
Pero una cosa es estar solos y otra muy diferente es sentirse solos porque estar solos puede llegar a ser un placer si es por voluntad propia porque sirve para la creatividad, el rendimiento personal o la propia relajación. Como digo, estar solo sin sentirse solo es un placer. A eso se le llama SOLEDAD DESEADA y disfrutada.
Sin embargo sentirse solo es una percepción asociada a sentimientos negativos y desagradables. Y se le conoce como SOLEDAD NO DESEADA. En este sentido la soledad es una experiencia dolorosa derivada de la carencia de esas relaciones interpersonales. Y esta soledad no deseada tiene, además, distintas caras. Por un lado está la soledad emocional que es la experiencia de carecer o tener pocos lazos afectivos íntimos, o tenerlos negativos o dañinos. Esta soledad puede tenerse aún estando rodeado de gente. Es la forma de soledad más dolorosa porque está llena de tristeza y melancolía, e, incluso, desesperación.
También está la soledad social que es cuando se tiene un escaso tejido interpersonal o insuficientes contactos o no está conforme con su círculo social. Esto puede ocurrir en el trabajo o en el propio barrio o en las redes sociales.
También esta la soledad circunstancial que es la que se tiene cuando una coyuntura te obliga a permanecer solo como trasladarse a otra ciudad u otro país, o jubilarse, quedarse en paro o finalizar sus estudios, pérdida de alguien querido, ruptura de pareja o la independencia de los hijos. La persona que está así poco a poco va recuperando la normalidad y la vida social.
La soledad es un auténtico problema de salud pública teniendo un gran impacto de salud física, mental e interpersonal, sobre todo, cuando es duradera.
En personas adultas y mayores llega a ser un problema de riesgo de mortalidad y tiene que ver con problemas de salud mental como ansiedad, depresión o ideas suicidas.
En ocasiones también el propio miedo a quedarse solos hace que este problema se agrande.
La soledad empieza a considerarse como una epidemia callada y silenciosa. Por eso es necesario visibilizar la soledad desde edades adolescentes y apostar por las relaciones positivas y el afecto profundo.
Y es curioso como en una sociedad hiperconectada una gran cantidad de jóvenes digitales se encuentren aislados. Tener amigos virtuales no ayuda a no sentirse solos.
¿Estamos también cambiando el modo de vivir o de comunicarnos?. Creo que sí.
Patricio González
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