Noticias Campo de Gibraltar
20 junio 2021
20 junio 2021

LOS LARGOS VIAJES DEL CRISTO DE MEDINACELI

La imagen originaría del Cristo de Medinaceli fue tallada en Sevilla, probablemente en los talleres de Juan de Mesa, a principios del Siglo XVII.

Los frailes capuchinos se la llevarían a la entonces plaza española de La Mamora, en la actual Marruecos, situada 30 kilómetros al Norte de Rabat, para que recibiera culto por parte de los soldados españoles de la guarnición.

Pero La Mamora resistió en manos españolas solo hasta 1681, en el que el sultán Muley Ismael toma la plaza y con ella la imagen del Medinaceli, que es trasladada hasta Mequinez para ser arrastrada por las calles y que sirviese de mofa a los musulmanes.

Serían los Padres Trinitarios, que tan importante labor realizaron en el rescate de soldados españoles presos en Marruecos, quienes negociarían con el sultán la recuperación de la imagen.

Cuenta la tradición que el sultán pidió por la imagen su peso en oro, pero que al ponerla en la balanza se equilibró con tan solo 30 monedas, las mismas por las que Judas había vendido al Señor.

Lo cierto y verdad es que la imagen fue rescatada por los trinitarios, prueba de ello es el escapulario con la cruz trinitaria que lleva desde entonces, roja y azul, y que desde Mequinez sería trasladada hasta Ceuta, de Ceuta a Gibraltar y tras un breve paso por Sevilla llegaría a Madrid el 21 de Agosto del año 1682, organizándose una multitudinaria procesión en su honor.

Como la capilla en que sería instalado, dentro del convento de los trinitarios, sería donada por el duque de Medinaceli, que ostentaba el patronazgo del convento, pronto sería rebautizada la imagen por el pueblo con el nombre de Cristo de Medinaceli, mientras la devoción entre los madrileños continuaba creciendo.

Junto al convento de los trinitarios, se encontraba el de los capuchinos, también patronazgo de los duques de Medinaceli, que ya en el Siglo XIX acabaron unificando ambos conventos bajo la custodia de los capuchinos como continúa en la actualidad.

Pero los viajes del Cristo de Medinaceli no habían terminado, en 1936 al estallar la Guerra Civil, sería trasladado a Ginebra, junto a otras grandes obras del Museo del Prado como “Las Meninas”, por iniciativa personal de Manuel Azaña, quien afirmó que nuestras obras de arte eran más importantes para España que la Monarquía y la República juntas. Qué lástima que no pudiese evitar la gran cantidad de obras religiosas que fueron pasto de las llamas en esos años.

Terminada la Guerra Civil, el 14 de Mayo de 1939, el Cristo de Medinaceli regresaba a Madrid, a su templo en el convento capuchino, donde la capilla primitiva se ha convertido en una basílica y todos los viernes, pero especialmente el primero de marzo, recibe multitud de visitantes.

Pero la devoción por el Cristo de Medinaceli no se quedó solo en Madrid, sino que rápidamente se propagó por toda España y en el año 1943 un grupo de devotos del barrio de San Isidro, encargan una réplica de la imagen al escultor sevillano Bravo Morales, que procesionó por primera vez al año siguiente.

Desde entonces, se convirtió en la hermandad de Algeciras con más penitentes y más promesas de cuantas cofradías procesionan en la ciudad, ganándose justamente el honroso título de “Señor de Algeciras”, una devoción que ha unido a madrileños, algecireños y españoles de muchas otras localidades, que llevan en el corazón los mismos sentimientos.

EL LOBO ESTEPARIO, 01.02.21

 

 

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