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10 mayo 2026
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ZHENG YI SAO, LA REINA PIRATA (MIGUEL CHICÓN)

El coraje y la voluntad de esta mujer le hicieron pasar por encima de lo que nadie esperaba de ella, liberarse del futuro al que la destinaba su nacimiento y alcanzar el poder y la gloria en un mundo dominado por los hombres.”Loto Rojo”, Clara Mendíbil.

La piratería existe desde que los barcos empiezan a surcar las mares cargados de mercancías, transportándolas de unos lugares a otros. Y desde siempre, los buques que transportaban estas cargas se han intentado proteger de ella. Bien por sí mismos o bien recurriendo a las naciones bajo cuyas tutelas navegaban. Los piratas perjudicaban los intereses de aquellos navíos que, navegando entre puertos, se veían expuestos a su asalto, poniendo en riesgo la vida de los tripulantes que iban embarcados a bordo, quienes, la mayor parte de las veces, o bien eran pasados a cuchillo o bien eran raptados para exigir rescates. Sin embargo, la literatura los ha tratado con indulgencia en numerosas ocasiones, llegándolos a considerar héroes, aunque la mayoría de ellos acababan sus días en el fragor de las luchas o en la horca, destino al que estaban condenados desde el inicio de su actividad.

Por eso la historia de de Zheng Yi Sao es digna de ser reseñada. Nacida como Shi Yang en 1775 cerca de Cantón, de origen humilde, y pronto destacó por su gran belleza y altura pero, sobre todo, por su gran inteligencia. Cuentan las crónicas que trabajaba como meretriz en un burdel flotante donde el famoso pirata Zheng Yi se quedó prendado de ella y le propuso en matrimonio en 1801. Ella, que pasa a llamarse Zheng Yi Sao (la esposa de Zheng Yi) solo transigió en casarse con él si se repartían los beneficios del negocio de su flota al 50%. Esta unión supuso un gran progreso para toda la piratería de la zona.

La tradicional piratería china, que transitaba por todo el Mar de la China desde Corea a Vietnam, se dividía en varias flotas que pugnaban entre ellos por la supremacía. No solo asaltaban juncos, sino también poblaciones costeras, a las que cobraban tasas a cambio de protección contra otras flotas. Tras la muerte de uno de los líderes piratas cerca de Vietnam, Zheng Yi se apoderó de sus barcos, formando la mayor flota pirata de China. La alta capacidad negociadora de Zheng Yi Sao hace que, en vez de enfrentamientos con sus rivales, todos firmen un acuerdo en 1805, creándose una Confederación formada por seis flotas, cada una de ellas conocida por el color de sus banderas: la roja, que era la de su marido y la mayor de ellas, la negra, la azul, la amarilla, la blanca y la púrpura. Poco después, Zheng Yi cae por la borda en medio de un temporal y su esposa, con el apoyo de sus sobrinos, asume el mando de la flota roja. Posteriormente, el mando lo llegará a ejercer el hijo adoptivo de Zheng Yi, Zhang Bao, bajo el asupicio de Zheng Yi Sao, con quien llega a contraer matrimonio.

Pero ¿cómo mantener la disciplina de miles de hombres en cientos de barcos dispersos por todo el Mar de la China? La respuesta es bien sencilla: a base de estrictas normas, tales como que todos debían aportar lo obtenido en los botines a un fondo común, quedándose un porcentaje a posteriori. Estaba prohibido saltar a tierra solo, bajo pena de severos castigos. No se podía violar a las capturadas, bajo pena de muerte, y una serie de normas que mantenían un férreo control sobre todos.

Esta dura disciplina hizo que la Confederación Pirata derrotase a la flota imperial china en varias ocasiones, incluso aunque fuesen apoyadas por los portugueses e ingleses. Sin embargo, Zheng Yi Sao previó que este poderío no podría sostenerse por mucho tiempo y, en su pleno apogeo, negoció con el emperador chino su rendición y la de la flota pirata. La mayor parte de los piratas de la Confederación, bajo el auspicio de la Reina Pirata, entró a formar parte de la armada china, muchos de ellos con altos grados dentro de la flota.

Ella misma pactó su retirada y fundó una casa de juego y prostíbulo cerca de Cantón, lugar donde se continuaron cerrando infinidad de negocios y se intercambiaba valiosa información entre mercaderes chinos y de otros países, además de facilitar los cauces para el negociado con las autoridades chinas. Murió plácidamente a la edad de 69 años, rodeada de hijos y nietos.

Las crónicas cuentan que fue cruel y despiadada. Sin embargo, salvó la vida de miles de piratas gracias a su negociación, además de haber impedido, bajo sus estrictas normas, violaciones y vejaciones a otras mujeres.

Sus emblemas: el dragón y el zorro. “La viuda Ching, pirata” Jose´Luis Borges.

Miguel F. Chicón Rodríguez  (Capitán de la marina mercante)

(Nacido en Tánger en 1960, sus vivencias personales a ambos lados del Estrecho, especialmente Algeciras, ciudad donde también residió, y las recurrentes travesías del Estrecho de Gibraltar realizadas siendo niño le dejaron un poso que le llevó a cursar, años más tarde, estudios de capitán de la marina mercante en Palma y Barcelona. Desde 1978 hasta 1994 navegó como oficial en buques petroleros; en barcos frigoríficos; como alférez de fragata en la Armada española, y al mando de buques de pasaje, tipo ferry y embarcaciones de alta velocidad. Por último, ejerció como jefe del Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo en Palma desde 1996 hasta 2022)

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