“…Encontré mucha multitud de indios que me salieron al encuentro con sus canoas, siendo por cierto hermosas así los hombres como las mujeres…()… trataron con la tripulación comerciando varias cositas…” Extracto del diario de Juan Pérez Hernández tras alcanzar los 55º de latitud norte en la Costa Oeste americana.
Poco se sabe de los orígenes de Juan José Pérez Hernández, salvo que nació en la ciudad de Palma en 1725 y que se crio cerca de El Arenal (Playa de Palma). Ingresa en la Marina y, al cabo de unos años, navega como piloto del Galeón de Manila durante once años. Tras estos servicios, ya en 1768, se asienta en el puerto de San Blas (Nayarit, México), desde donde se le comisiona el mando de varios barcos para la exploración y reconocimiento de las costas e islas al norte de San Blas, así como para el aprovisionamiento de las misiones y emplazamientos que se van creando, incluido el puerto de San Diego.
En 1773, el Conde Lacy, a la sazón embajador de España en San Petersburgo, informa al rey Carlos III sobre las intenciones de los rusos de progresar en la exploración y avance hacia el sur por las costas de Alaska. El virrey de Nueva España dispone, entonces, que se prepare una fragata, la Santiago, alias Nueva Galicia, construida en San Blas, buque marinero y bien preparado para resistir los fuertes temporales de la zona, al mando de Juan Pérez. Las instrucciones son que se explore toda la costa hasta alcanzar los 60º de latitud norte, reconocer y tomar posesión de las tierras descubiertas, detectar posibles asentamientos de extranjeros y desalojarlos de forma diplomática o por la fuerza de ser necesario. Hay otra orden explícita para los expedicionarios: tratar a los nativos con respeto y establecer relaciones amistosas con ellos.
La Santiago sale de San Blas a finales de enero de 1774, con 88 tripulantes a bordo y varios pasajeros, entre los que figura fray Junípero Serra, que desembarca en San Diego. La expedición continúa navegando hacia Alaska, ya sin pasajeros, pero contando con fray Juan Crespí, fray Tomás de la Peña, que embarcan en Monterrey, el piloto Esteban José Martínez y el propio Juan Pérez como cronistas de todo cuanto van avistando y reconociendo. Parten de Monterrey el 6 de junio de 1774 y, gracias a los escritos de todos ellos, podemos disfrutar de las descripciones de la costa y de sus habitantes. Continúan navegando hasta alcanzar los 55º 49 Norte, uno de los extremos de la actual entrada de Dixon, entre Alaska y la Columbia Británica. En este punto es donde ven canoas de nativos por primera vez. Las descripciones recogidas por fray Tomás son bastante elocuentes: “…Toda la tarde se estuvieron las canoas, que eran veintiuna entre todas, alrededor de nuestro barco comerciando con los de abordo..traían grande prevención de petates, pieles de diversas especies de animales…sombreros de juncos, gorras de pieles y plumajes con varias tipuras, y sobre todo muchas colchas o texidos de lana muy bordados…”. Parece ser que este es el primer encuentro entre europeos y nativos del territorio Haida donde se produce un intercambio de objetos. Entre estos objetos destaca un pequeño amuleto en forma de pequeño patito, tallado en marfil de diente de cachalote, que se conserva en el Museo de América de Madrid.
Pero la fragata Santiago no puede seguir navegando hasta la latitud encomendada. Los duros temporales, la mala visibilidad y las enfermedades de la tripulación hacen que Juan Pérez tome la decisión de regresar a San Blas. Durante la travesía reconocen y dan nombre a varios puntos de la costa y contactan con otros nativos, los nootka, en latitudes más meridionales que la alcanzada. Finalmente llegan a San Blas a principios de noviembre de 1774, sin haber avistado asentamiento ruso alguno.
Al año siguiente, el virrey organiza otra expedición con la premisa de alcanzar los 65º de latitud norte. Para ello, arma una flotilla de tres barcos al mando de Bruno de Heceta y con Juan Pérez como segundo comandante de la flota, nuevamente al mando de la Santiago. Salen de San Blas a mediados de marzo. La flota no puede alcanzar sus objetivos y regresan a San Blas. Durante la travesía, Juan José Pérez Hernández enferma de escorbuto y fallece el 3 de noviembre de 1775. Su cuerpo es arrojado a la mar con gran solemnidad, habiendo dejado bien documentadas sus expediciones, incluyendo la cartografía de San Diego, Monterrey, San Francisco y la costa del Pacífico hasta Vancouver.
Su nombre quedará recogido para siempre en el estrecho que lleva su nombre, Juan Perez Sound, en la costa oriental de la isla Moresby y en la canción del cantante canadiense Terry Jacks: “The whale of Juan Perez Sound”.












