Noticias Campo de Gibraltar
21 octubre 2020
21 octubre 2020

LA VERDADERA IDENTIDAD DEL “SANTITO DE ALGECIRAS” Y SUS ÚLTIMAS APARICIONES

Durante el año 1977, según cuentan las tradiciones populares, una persona se dirige a una apenada madre que llora la muerte de su joven hija, infundiéndole una gran calma con su dulce voz y pidiéndole el favor de que limpie un nicho que parece abandonado, ya que en él yace un hombre al que él conocía y era “buena persona”. Cuando la mujer se dirige al nicho indicado y tras un rato limpiando y retirando las hierbas que cubrían la lápida, se encuentra con la foto de un muchacho, llamado Antonio Mena Vicario, que había fallecido en el año 1942…… y ¡cuál fue su sorpresa al reconocer en aquella foto al hombre que unos momentos antes se había dirigido a ella para pedirle el favor!

Desde entonces, se corrió la voz y su tumba es visitada por muchas personas buscando en su intercesión una solución a sus problemas y su tumba se ha convertido en una de las más floridas del cementerio. En el centro de su lápida, sigue su foto con la claridad del primer día, sin perder su color sepia, pese a estar bajo el sol de Algeciras y tan cerca del mar, lo que en sí mismo ya es un verdadero misterio. Montones de reliquias y de placas dan testimonio de los favores cumplidos, que van desde encontrar trabajo a curaciones de todo tipo de enfermedades.

Según las versiones populares, Antonio Mena era un caballero legionario, natural de la vecina Ceuta, que falleció a la edad de 21 años, debido a una paliza recibida por unos maleantes en la ciudad de Algeciras. Pero las investigaciones de mi amigo Pablo CG, que siempre escribe bajo el seudónimo de “El escopetero de Getares”, han dejado claro la identidad del llamado “Santito de Algeciras”.

Antonio Mena Vicario en realidad, nació en el año 1921 en Algeciras, en la calle General Castaños, en una corrala con un gran patio central, donde residían cinco familias, muy cerca del Secano. Sus padres, Rafael Mena y María Vicario, se dedicaban a la fabricación de pan y repostería.

Sus primeros transcurren en Algeciras, hasta que en 1926, Rafael decide trasladarse a Tánger, en compañía de sus dos hijos, Antonio y María, para comenzar allí una nueva vida y aventura empresarial. Fundan la “Confitería Mena”, que a partir de entonces será la actividad familiar, en la cual participa Antonio habitualmente.

En todo este tiempo, Antonio va creciendo como un muchacho más, en el nº 4 de la Rue de Horno, con un carácter tímido e introvertido en ocasiones, como se recuerda en su familia, que incluso manifiesta que “no hablaba, por no ofender”.

Ya en su adolescencia, comienza la relación de Antonio con su novia, en cuya foto de estudio de la pareja, tiene su origen la que aún hoy permanece “intacta” en la lápida de su tumba.

Durante esta época, su actitud y forma de ser continuó como siempre fue: tranquila y apacible, sin intervenir en ningún tipo de actividad política, ni revolucionaria, ni nada que se le parezca…. un joven con una vida normal y, hasta cierto punto, ajeno a la situación que se vivía en su patria natal: la Guerra Civil.

Llegado el momento, a sus 18 años, tuvo que cumplir con su deber de prestar el Servicio Militar, casualmente en la ciudad que le vio nacer: Algeciras. Este alistamiento cayó como un jarro de agua fría en su familia, a la cual le quedó la duda de si le habrían engañado para que se apuntase a filas, ya que albergaban la esperanza de que no le tocaría al residir en Tánger.

Su servicio militar transcurre desde el año 39 y finalizada la Guerra Civil, sin sobresaltos reseñables, ya que sus casi tres años de “mili” permaneció como soldado raso en el Cuartel de Artillería de la Fuentenueva, en enero de 1942 un grupo de soldados, entre los que se encuentra Antonio, caen enfermos a consecuencia del consumo de unas batatas en mal estado, cocidas en “agua de las bestias”, según le comunican a la familia.

Fue un compañero suyo de reemplazo, el encargado de enviarles un telegrama a los padres para comunicarles la grave situación de su hijo, desplazándose su padre Rafael urgentemente a la Península. Cuando llega a Algeciras, le informan que Antonio está ingresado en el Hospital Militar, que hasta fechas cercanas estuvo en la calle Convento, y allí le comunican el fallecimiento de su hijo.

A Rafael Mena, le ofrecieron enterrar los restos de su hijo Antonio en el terreno propiedad del Ejército, con que contaba el Cementerio Viejo de Algeciras, pero él prefirió tenerlo identificado en un nicho aparte para su recuerdo. Es, entonces, cuando adquiere la propiedad del nicho donde hasta hoy permanecen los restos de Antonio Mena Vicario, a su nombre.

En la lápida, como es costumbre habitual en muchos cementerios, coloca una foto de Antonio, sacada de la antes referida con su novia, por ser la imagen más actual que de él dispone. En la parte trasera de dicha foto, aparece la anotación a lápiz del encargo.

Una foto, que como se ha dicho, permanece como el primer día, con su color sepia, pese al Sol de justicia que durante horas y ya cerca de 80 años saluda cada día la tumba de Antonio.

La familia de Antonio fue falleciendo lejos de Algeciras, aunque al menos queda una sobrina-nieta que se llama Isabel y que reside en Alemania, a la cual como es lógico le sorprende el carácter “sobrenatural” que rodea a su antepasado.

Ya que por supuesto, es imposible probar los “milagros” que se le atribuyen al “soldado Antonio” e incluso sus supuestas apariciones en el cementerio viejo, pero su fama ha llegado hasta los medios informativos nacionales y hasta Iker Jiménez en su programa Cuarto Milenio se ha hecho eco de la historia.

Unas apariciones que según los testigos presenciales no son espectrales sino que el “santito” se visualiza de forma completamente sólida. Así lo afirma su última testigo, I.R.P., vecina de San José Artesano, que dice haberlo visto pasear por los pasillos del “cementerio viejo” el viernes pasado y que desapareció de su presencia cuando intentó alcanzarle.

Sugestión o realidad, escepticismo o fe, se unen a los pies de una tumba con una larga lista de favores que agradecer. Sea como sea, descansa en Paz, soldado Antonio.

 

 

 

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