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22 junio 2024
22 junio 2024

TRASNOCHADOS EN GIBRALTAR IMPEDIRÁN EL ACUERDO (RAFAEL FENOY)

No parece que existan dudas sobre quienes están en contra de cualquier acuerdo. Las reiteradas manifestaciones de autoridades del Peñón no dejan lugar a dudas. Y si son personas inteligentes ¿a qué viene tanta nostalgia? En este lado de la verja parece que el sentido común se ha impuesto y como ya se sabe dónde están las líneas rojas, -la tan manida soberanía- tanto España como la Unión han planteado a Gran Bretaña no un tratado, sino un acuerdo, que no es lo mismo. Un tratado supondría caminar por las delgadas líneas rojas y acudir a la literalidad de Utrech, sin embargo el planteamiento en estos 4 años de una “negociación” negacionista ha sido por la parte Europea suscribir un acuerdo que permita ajustar la situación legal a la real. Sin verja es preciso definir controles de acceso a la Unión y a Gibraltar como se puede llegar por tierra, mar o aire. Llegar por tierra supone el haber pasado los controles pertinentes para transitar por suelo europeo. Pero ¿Y si se llega por mar o aire? Lo menos que se despacha consiste en controles de personas y mercancías en puerto y aeropuerto. Y estos controles que suponen el acceso, no a Gibraltar, sino a territorio Europeo lo realizan las policías Frontex. Y parece que hasta ahí no hay pegas. Pero ¡Ay!, siempre alguien, en este caso D. Fabian Picardo, ministro principal de Gibraltar, que rechaza la presencia de policía española uniformada en los controles Schengen del puerto y del aeropuerto de Gibraltar. ¿Por qué? Habla el Sr. Picardo de una “realidad psicológica” de la política gibraltareña que justificaría ese rechazo. Digna de analizarse esta “realidad psicológica” que apunta el Sr. Picardo. Y para enmarcar este análisis conviene tener en consideración que por parte española el ministro de asuntos exteriores Sr. Albares manifiesta que: “La posición de España sobre Schengen y las aduanas es una obligación de la UE, no una imposición o capricho impuesto por Madrid”. “Spain’s position on Schengen and customs is EU obligation, not ‘capricious” ¿Qué ha querido decir el Sr. Picardo con “realidad psicológica”? En primer lugar surgen preguntas sobre la “psicología” ¿Quizás miedo hacia lo que pudiera representar uniformes policiales españoles en el istmo de Gibraltar? ¿Pudiera ser que esta “realidad psicológica” contuviera dosis de odio trasnochado hacia España? En segundo lugar cabe preguntarse por la “realidad”. Y lo que el Sr. Picardo olvida es que una  parte de la realidad es la existencia del aeropuerto mismo, que se encuentra en territorio bajo soberanía española, según Utrech. Y que, siguiendo el tratado, que no acuerdo, de 1713, la verja, nunca debería de haberse movido desde la puerta de la fortaleza de Gibraltar, que es lo que cedió la corona española a la británica. Otro aspecto de la realidad, según fuentes del Peñón, es que una minoría adinerada de habitantes de ese territorio y accionistas extranjeros, muy poco interés tienen en cambiar el status de “paraíso fiscal” que hasta ahora ostenta. Ninguna voluntad de que la “verja” desaparezca. Ante esa “realidad psicológica” ¿será posible un acuerdo? Las personas que viven en Gibraltar, a quienes les importa su ciudad, saben que un acuerdo que garantice un “espacio de prosperidad compartida” les beneficia mucho más que una frontera Schengen pura y dura con la Unión Europea. También saben que quienes negocian son la Unión Europea y Reino Unido. Conocen que la Unión Europea mantiene miles de kilómetros de frontera reguladas por el tratado de Schengen. Y que una buena parte de ellas son extremadamente complicadas. Mirar el mapa mundial del supercontinente euro/asiático da una idea de la delicada situación en la que se encuentra la Unión Europea. Intuyen que la Unión Europea no puede hacer un distingo que desvirtúe el mencionado tratado. Sobre todo porque sería sentar un precedente.

También esa “realidad psicológica” como lo califica el Sr. Picardo puede que funcione a este lado de la verja. La resolución 2353, de la ONU, que insta la descolonización conforme al principio de la integridad territorial y que, además, condena el referéndum celebrado por la potencia administradora el 10 de septiembre de 1967, reverdece a fuerza de invocaciones nostálgicas. Los contenciosos históricos pueden irse resolviendo si se materializa esa zona de prosperidad compartida. Dejar pasar esta oportunidad sería un grave error y es muy posible que no se repita. Una vez la Unión Europea llegue a la conclusión de que Reino Unido no tiene intención de avanzar en la negociación y que está dilatándola adrede para mantener un status dañino para sus intereses, se plantearán diversos contenciosos. Uno de los más fáciles de gestionar es la restitución o arrendamiento del istmo, usurpado fraudulentamente por Reino Unido a España. Cuando España ingresó en la Unión Europea tuvo que asumir los acuerdos que previamente Reino Unido había negociado para su ingreso. Una vez que Reino Unido se marcha de la Unión, los compromisos adquiridos decaen y la Unión está en condiciones de asumir los derechos históricos de los territorios, ahora europeos, usurpados por Reino Unido. Si alguna persona en Gibraltar no se ha percatado de la importancia de alcanzar un acuerdo y piensan que sus vidas continuarán como siempre, nunca es tarde para reflexionar.

Rafael Fenoy Rico

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