Noticias Campo de Gibraltar
17 enero 2021
17 enero 2021

VICENTE ROJAS, MUCHO MÁS QUE UN CURANDERO

Con autorización del autor, Roberto Losada, utilizamos uno de sus últimos trabajos de la serie «Historia de los pueblos y protagonistas de la Novena Provincia», para introducirnos en la biografía de Vicente Rojas, un personaje algecireño que generó grandes pasiones pero también grandes controversias en la ciudad.

Un algecireño que para muchos tenía la Virtud y Don de sanar a los enfermos. Un buen hombre que revolucionó todo el Campo de Gibraltar y parte de la geografía andaluza, con sus “extraordinarias” curaciones en el Triángulo de la Luz, como él mismo llamó al Cerro del Sagrado Corazón de Jesús en la Bajadilla.

Vicente Rojas Lozano nació en la villa de Los Barrios, el 20 de noviembre de 1919, falleciendo en 1990 con 70 años de edad.

La familia de Rojas llegó a Algeciras cuando Vicente tenía 5 años, su padre Juan Rojas del Río, se dedicó a la exportación de pescados en la lonja pesquera algecireña.

Con 16 años, Vicente, se empleó en la Corchera Española en Algeciras, ahí en esta empresa, Rojas estuvo 4 años, después por demanda de su progenitor se fue al puerto pesquero a ayudar a su padre y de ahí hasta su jubilación.

Los mayores del lugar que han coincidido con éste buen hombre en el puerto cuando Vicente se dedicaba a la exportación pesquera, comentaban que este enviado de Dios, todos los días repartía dos cajas de pescados a los pobres.

Su hijo Juan Rojas Aranda expresa: mi padre nos comentó tanto a mí como a mis hermanas, que cuando era un mozuelo de 18 años tuvo un sueño o una visión, una noche vio en una especie de sótano donde había una gran mesa y alrededor de ella personas cenando, sorprendido y atónito por lo que estaba viendo, de la mesa se levantó un hombre alto de tez morena, de nariz arqueada y le dijo «TÚ HAS NACIDO PARA AYUDAR Y HACER EL BIEN A LAS PERSONAS QUE SUFREN DE DOLENCIAS. ESA ES TU MISIÓN EN ESTE MUNDO». Vicente se dio cuenta que había nacido con un Don y que Dios le guiaría.

En la calle Tarifa de Algeciras había una tasquita a principio de la década de los cuarenta, su dueño era un hombre que le decían señor Juan, Vicente Rojas iba en muchas ocasiones por allí a tomar su café, una mañana se encontró y vio a una señora mayor que se lamentaba de dolor de muelas, Rojas ni se lo pensó, se acercó a ella le pasó la mano por su cara y en breves minutos el dolor había desaparecido. La señora exclamó: «me has quitado el dolor», que ¡¡Dios te bendiga señor!!

Vicente Rojas con 24 años contrajo matrimonio con Francisca Aranda Fernández, fruto de este les llegaron tres hijos: Feliciana, Francisca y Juan.

A principios de los setenta Vicente continuaba ayudando a los pobres en el puerto pesquero y sanando a muchas personas, el gentío era tan grande a su alrededor que en la Cuesta del Sagrado Corazón de Jesús de la Bajadilla todas las noches junto a muchos partidarios de este hombre santo, recibía a los enfermos para realizarles las curaciones. Vicente siempre manifestaba: «DIOS ES QUIEN CURA, NO YO».

El eco de los comentarios sobre los hechos extraordinarios en Algeciras por éste buen hombre llegaron bien pronto por todos los pueblos cercanos de la comarca y los rumores empezaron a esparcirse en buena parte de Andalucía y el conjunto de España. Las personas se preguntaban, interesándose por los milagros de Vicente Rojas. ¿Quién es Vicente Rojas?, él mismo decía: «No soy yo el que cura, sino que es Dios. Por esa razón, no admito ni una sola peseta, ni ningún regalo».

Había personas que expresaban de Vicente en el Cerro Sagrado Corazón de Jesús: «este hombre es un santo. Tiene que trabajar muy temprano, y sin embargo esta aquí, con nosotros, hasta las 3 y 4 de la madrugada. Además, no admite dinero. No quiere dinero. Él solo lo hace por Dios».

Los supuestos milagros y la situación hizo que las autoridades tomaran cartas en el asunto, y que Rojas tuviese que prestar declaración, pero otra vez volvió a su lugar, el Cerro, a proseguir las curaciones como le demandó el hombre alto de tez Morena y nariz arqueada.

La riada humana acudiendo noches tras noches, sin importarles la más mínimo las inclemencias climatológicas, al Cerro del «Sagrado Corazón de Jesús», «montaña», que, de tan concurrida y transitada quedó con una pequeña pista o camino, por donde los vehículos subían hasta lo más alto, donde el hombre de la oración le da cita a los enfermos. Después, lo de todas las noches. Rezos, oraciones, imposiciones de manos y … uno que dice estar curado, otro que afirma poder andar después de seis, siete o diez años de postración en una silla de ruedas, otro que jura ver después de cinco años invidente y así hasta llegar a los más increíbles y complicados casos de dolencias.

Él, Vicente, seguía inalterable pese a los más diversos comentarios circulando a su alrededor. Siempre continuaba afirmando a la más real de las ideas de que «no es él, sino Dios quien cura y hace los milagros»; permanecía fiel a su ética de no cobrar ni un céntimo, ni aceptar el más mínimo obsequio, solamente flores que depositaban a los pies de las imágenes de la Virgen y el Sagrado Corazón de Jesús.

En cuanto a su «medicina», era bien barata, como invariable: «El Padrenuestro, pedir a Dios. Y que pida con él, el doliente; la fe esa que mueve montañas, y, por último, la afirmación por anticipado que «hará efecto o no, si así es la voluntad de Dios».

Y es que evidentemente no todo el mundo resultaba curado y como es lógico Vicente también tuvo sus detractores. Pero para ser justo, lo cierto y verdad, es que se publicaron fotos de personas que decían no poder andar y, tras la oración con Vicente andaban. Se dieron nombres, domicilios y residencias, para acallar a los escépticos de las misteriosas curaciones. No se inventó nada, fueron los propios interesados los que dieron testimonio de sus curaciones.

«Si algunos quieren para ti el mal, ofréceles tú el bien, cada persona ofrece lo que tiene», decía Vicente.

Los terrenos donde hoy está el oratorio de Vicente Rojas en el Cerro del Sagrado Corazón de Jesús, fueron adquiridos por numerosas personas a un señor portugués. La condición de los actuales propietarios, no es otra, que mientras que dure el lugar de oración, esos terrenos nunca serán reclamados, de lo contrario pasarían a la Beneficencia o Asociaciones Espirituales.

 

«SER CARITATIVO Y HUMANO NO SE TRATA DE BIENES, SE TRATA DE PERCIBIR EL DESCONSUELO DE LOS DEMÁS E INQUIETARTE LOS SENTIMIENTOS POR SUS PRIVACIONES Y ESTÁR SIEMPRE AHÍ AYUDANDO Y APORTANDO TU CORAZÓN». Así era este ser carismático que ayudó a muchos necesitados y sanó a muchos enfermos, porque consideraba que tenía una misión divina en la vida, a la que se entregó siempre con todas sus energías.

 

 

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