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9 diciembre 2022
9 diciembre 2022

LA GUERRA DE LAS ESPECIAS (M. CHICÓN)

“…Primeramente es acordado y asentado que el dicho Señor Emperador y Rey de Castilla da, en empeño y venta de retrovendendo, al dicho Señor Rey de Portugal, el derecho que tiene a las Islas de Maluco y a la contratación y comercio en las otras islas y tierras comarcanas…, por precio y cuantía de trescientos y cincuenta mil ducados de oro…” Tratado de Zaragoza, 22 de abril de 1529.

Tras la muerte de Loaísa y Elcano, con la nao bastante dañada y sobrecargada, gracias a la ayuda de Gonzalo de Vigo en Guam, la Santa María de la Victoria consigue hacer provisiones y recuperarse lo suficiente como para llegar al Maluco, concretamente a la isla de Tidore, a inicios de 1527. Pero los portugueses ya hace tiempo que han llegado y se han asentado en Témate, donde se han aliado con los naturales y combatido con saña al resto de reinos de las otras islas, que reciben a los españoles con los brazos abiertos gracias, en parte, a las dotes de negociación del joven Andrés de Urdaneta.

Y así, mientras el continente europeo ve como el emperador Carlos I se casa con su prima, Isabel de Portugal, y se fragua un acuerdo de cesión de las Molucas a Portugal a cambio de una compensación económica, al otro lado del mundo, los apenas cien tripulantes que restan de la flota de Loaísa, sin más premisa que su juramento de lealtad a la corona, en alianza con algunos de los pueblos locales, sobre todo con los de Gilolo y Tidore, desarrollan durante años una guerra contra los portugueses que, por su parte, lo hacen aliados con los de Témate. Prácticamente es una guerra de guerrillas en la que, cuando se vence en la batalla, los naturales no hacen prisioneros y pasan a cuchillo a cuanto enemigo es capturado.

La Santa María de la Victoria pronto es dañada e inutilizada, pero la buena estrategia desarrollada por la expedición española junto con sus aliados, hace que las batallas se vayan desarrollando, ora con alguna victoria, ora con derrotas lógicas debido al desequilibrio de fuerzas. Sin embargo, perdida la única nao que les queda, tras varios intentos fallidos por desconocimiento de las maderas del lugar, son capaces de construir y armar una galera de diecisiete bancos que causa estragos en la flota portuguesa, logrando hacerse con nuevas armas que van alargando la guerra. Pero mientras los españoles van perdiendo efectivos y armamento, sin apenas pólvora que disparar, los portugueses van recibiendo apoyo de las naos que llegan por la ruta del Índico.

A la postre sucede lo inevitable. Los pocos españoles que restan son capturados y permanecen prisioneros. Solo unos pocos regresan a Lisboa tras más de once años de haber salido de Coruña. A Urdaneta le requisan todos los escritos que ha ido recopilando en esta odisea. Sin embargo, una vez en España, su gran talento logra reproducirlo y entregarlo al emperador.

Entre los pocos que regresan se encuentra el primer hombre que ha circunvalado la tierra en dos ocasiones: el maestre Hans, de Aquisgrán, cuyo apellido se desconoce y que ya había formado parte de la expedición de Magallanes y Elcano en calidad de lombardero, que embarcó de nuevo en la expedición de Loaísa, y que volvió a embarcar por tercera vez en la expedición al Maluco de Rui López de Villalobos, donde se le pierde la pista.

Once años de penurias y sacrificios, cumpliendo su juramento de lealtad, que les conminaba a hacer todo lo que en su mano estuviese para que el Maluco rindiese tributo a la corona española, a través de acuerdos con los nativos y en guerra contra los portugueses, ajenos al tratado firmado en la metrópoli y, mediante el cual, las Islas Molucas son cedidas a la corona portuguesa. Las anotaciones y experiencias adquiridas por Andrés de Urdaneta, sin embargo, son determinantes para que, ya entrados en la segunda mitad del siglo XVI, Felipe II encomiende seguir explorando el Lago Español hasta descubrir el Tornaviaje.

“… En este tienpo el Rey de Gilolo mando pedir al Capitan veynte onbres e algunos tiros gruesos y bersos para defenderse de los portugueses, porque se reçelaba dellos… En este comedio andaba la guerra muy caliente y topamonos muchas vezes en la mar y nos descalabramos los vnos a los otros y matabamos a las bezes gente y quemabamos muchos pueblos. Y por el mes de mayo vynoles socorro a los portugueses de doss nabyos donde benyan çerca de çient portugueses y benya por capitan de la fortaleza vn don Jorje de Meneses…” Andrés de Urdaneta.

Miguel F. Chicón Rodríguez  (Capitán de la marina mercante)

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